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Emmanuel Saiteck

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Emmanuel Saiteck

Mensaje por Emmanuel Saiteck el Miér Mar 02, 2011 5:51 am


DATOS BÁSICOS


NOMBRE *
Emmanuel Bastian Saiteck Durmstrang.
APODOS
Señor Saiteck, Querido o Padre.
EDAD*
59 años, cercana la sesentena.
OCUPACIÓN
Dueño de todo cuanto vuestros ojos ven, presidente de Svelven.
GRUPO*
Familia Saiteck.
ORIENTACIÓN SEXUAL*
Heterosexual rígido.



DATOS FÍSICOS
ALTURA*
Metro ochenta largo.
COMPLEXIÓN
Delgada, ligeramente encorvada pero majestuosa.
COLOR DE OJOS*
Podría jurarse que antaño fueron negros, pero poco a poco van palideciendo hasta adoptar a día de hoy un leve matiz grisáceo, producto de pérdida de visión parcial.
COLOR DE PELO*
Los años pasan para todos, por lo que tiene más canas de las deseadas. Antaño fue castaño oscuro, ahora adopta un color gris apagado, con algunos mechones oscuros.
COLOR DE PIEL
Extremadamente pálida y casi enfermiza.
RASGOS DISTINTIVOS
El anillo con la S en relieve que tiene en el dedo meñique de la mano derecha.
¿CÓMO VISTE?
Trajeado, por lo general. Suele ir vestido con ropas elegantes, nunca lo podréis ver de calle ni con ropa informal. Acompaña sus camisas claras con corbatas de colores oscuros. Calza zapatos italianos normalmente.
DISCAPACIDADES*
Tiene una leve discapacidad en la vista, pero nada relevante como para dificultar su trabajo. Los años le pesan, por lo que tiene serios problemas relacionados con dolores de espalda, migrañas o cojera. Todo le va a temporadas, dependiendo de las circunstancias.
OTROS DATOS
PRÓXIMAMENTE


DATOS PSICOLÓGICOS
HÁBITOS
● Desayuna cada mañana a las 8:13 minutos, ni más ni menos. Lleva una vida planificada ●
● Salir de caza el primer domingo de cada mes, para poder llenar el salón de los trofeos ●
● Ensaya ante un espejo sus discursos y las facciones que debe poner durante los mismos ●
● Jueguetear con el anillo del dedo pequeño, la relíquia de los Saiteck ●
● Repetirse a cada segundo que no debe confiar demasiado para no ser vulnerable ●
● Habla con su difunto padre antes de ir a dormir, compartiendo sus preocupaciones ●

MANÍAS*
Ergomanía: Deseo obsesivo por trabajar.
Sofomanía: Estimación excesiva por los propios conocimientos o sabiduría.
Megalomanía: Obsesión incontrolable hacia la gran autoimportancia y por hacer actos extravagantes

AFICIONES / GUSTOS*
● Disfruta con el buen vino y con los clásicos de piano, sabe tocar alguna pieza ●
● La velocidad y los coches son una de sus grandes pasiones, por lo que tiene varios ●
● Salir de caza y mandar disecar y colgar sus pequeños trofeos en cualquier parte ●
● Sentir el poder en sus entrañas, saber que es capaz de mantenerlo todo controlado ●
● Aunque no lo admita, le gusta estar solo para poder encontrarse a sí mismo ●
● Suele escribir un pequeño cuaderno de tapas negras, absolutamente censurado a todos ●

ODIOS / DISGUSTOS*
● Que las cosas escapen del abrazo de su dominio, que todo se descontrole. Lo aterra ●
● La simple idea de que tendrá que morir tarde o temprano, su delicada salud lo preocupa ●
● Sospechar de su propia familia. Siente que entonces se enfrenta solo ante el mundo ●
● Byllius Artelis y Daniel Schneider, por algo tuvo que deshacerse de los mismos ●
● Siente recelo hacia su propia mujer porque sospecha que nunca lo amó de verdad ●
● Le desagrada la rebeldía, la propotencia hacia su persona y los que creen ser superiores ●

DEFECTOS*
Incontables defectos podrian atribuírsele a éste hombre, pero lo resumiremos en algunos pocos que ya os permitirán hacerlos la idea. Es excesivamente celoso, demasiado ambicioso, algo egoísta y obstinadamente preocupadizo. Podría considerarse que su maquiavelismo es también un defecto, ya que sus fines siempre son nefastos para los que no se hallan en filas amigas.

CUALIDADES*
Podría decirse que los más básicos son tales como su perseverancia, su incondicional deseo de tenerlo todo controlado, su subestimada astucia, sus modales clásicos y cautivadores, su elegancia innata y su capacidad de mentir a sus más fieles aliados, no gusta de quedar desnudo ante nadie, por eso conserva sus secretos.

FOBIAS*
● La pérdida de poder, de lealtad y la traición ●
● Darse cuenta de que realmente no tiene gente fiel ●
● Que su hijo menor estropee todo por lo que ha luchado ●
● La infidelidad amorosa y sexual de Zephyr ●
● La muerte y el olvido, crucial temor para ser como es ●

DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA*

Me presento ante todos vosotros en calidad de presidente. ¡Pueblo de Svelven, yo soy vuestra voz!
Emmanuel es humano. Emmanuel es viejo. Emmanuel es sabio. Emmanuel es Saiteck. Saiteck es poder. Emmanuel tiene el poder, es todo suyo. Y nadie, repito, nadie, va a arrebatárselo nunca. Una persona que a base de sangre, sudor y lágrimas llegó a lo más alto de la cima. Una persona condenadamente lista y aguda, lo suficiente para caer la cuenta de que corre más peligro del que los que lo rodean creen. Sobrestima el dinero, el prestigio y sobretodo el poder. Se dejó la piel desde su más tierna adolescencia en convertirse alguien que no pasara desapercibido, siguiendo una frase que su padre dijo en su día, sobre el lecho de muerte. "Cuando yo muera, el mundo seguirá como si nunca hubiera existido". Esa frase se grabó a fuego en el pecho, mente y corazón de un muchacho al que la edad empieza a pesar. Él escogió en su día que sería recordado por siempre jamás. Que no moriría en la miseria del olvido, que no se lo comerían los gusanos de la ignorancia. Quería vivir para siempre, lo que recién empieza a asimilar que se le acaba el tiempo y eso lo tiene aterrado. La muerte lo supera, siempre lo ha hecho y difícilmente variará.
Un héroe sin vida puede ser héroe, un hombre sin vida difícilmente sigue siendo hombre.

Un líder nato que prometió no rendirse ante nada ni nadie. Alguien que daría mucho dinero por su familia, pero nunca la vida. ¿De qué valdría ser recordado como un mártir de la sociedad? Lo que necesita es vivir, mandar, liderar, ejercer el control. Manipular a la gente que no nació con el don de saber apreciar la perfección. Su misión, azarosamente encomendada por el destino, es el de mantener la utópica perfección en Svelven, valiéndose de los métodos necesarios. El cabecilla de los Saiteck sabe del cierto que no es una persona que algún día se sentará a la derecha del señor. Es conocedor de sus pecados y de los sacrificios cometidos para lograr sus egoístas objetivos. Sencillamente no puede evitar hacerlo, la ambición lo ciega. El deseo de enorgullecer a todos los que se han apellidado como él le da fuerzas para continuar, pues cree que desde donde estén, lo observan de modo severo e inquisidor. La familia es lo primero, a partes iguales con ejercer el poder. Suele tener dilemas morales en los que no sabe qué es lo que prima, si los suyos, o él. ¿El motivo? Tantos rumores bastardos han logrado germinar la semilla de la duda. ¿Y si sus propios hijos se vuelven en su contra? Por eso, no confía ciegamente en nadie, sólo en sí mismo.
Dicen las malas lenguas que aquellos que lo decepcionan pueden ver su rostro teñirse de oscuridad.

Exigente consigo mismo y doblemente con los demás. No perdona los errores, cada desliz se paga caro. Sus represalias son conocidas por todos aquellos que están al tanto de la situación. Más allá de eso, Emmanuel es fácilmente reconocible por su porté elegante, de modales agresivos propios de un triunfador. Aquellos que se han enfrentado al examen al que constantemente someten sus ojos apagados pueden afirmar que es una persona intimidatoria. Solemne, educada y pérfida, así se describiría a grandes rasgos su modo de ser con aquellos no gozan ni de un resquicio de su confianza. Su expresión suele mantenerse constantemente serena e incluso tensa. Su expresión es indescriptible y se rumorea que su mirada atrapa tanto o más que su voz de barítono. No olvida, nadie le ha enseñado a hacerlo. Rencoroso y persuasivo, no le gusta dejar detalles al azar. Necesita estar al corriente de todo para tomar decisiones cruciales en cualquier momento y circunstancia. ¿Qué sucede si las cosas se tuercen? Probablemente sienta el nudo de la corbata ahogarlo como la soga a un perro. Probablemente se precipite en sus palabras o no cuide sus maneras, y es que, a pesar de su avanzada edad, en algunas pocas ocasiones su ira y miedo lo traicionan.

Descuida el amor y las muestras de afecto en por de las reprimendas por las decepciones y los elogios por las buenas noticias. Sabe cuidar de los suyos, pero no de sí mismo. Aunque ¿quién iba a darse cuenta simulando tal perfección incorruptible? Emmanuel está fuera de tu alcance, pero te observará. Te analiza a cada segundo, a cada minuto, a cada moviminto. Sabe lo que piensas, sabe lo que haces. Harías bien en temerle, ¿qué necesidad hay de cometer los errores de otros?


DATOS PERSONALES
PADRES*
MADRE• Dianne Durmstrang - {Mujer de tierras nórdicas casada con Sigmund Saiteck. Murió por una enfermedad durante el décimotercer invierno de su único hijo}
PADRE• Sigmund Saiteck - {Era el heredero de los Saiteck, se casó con Dianne Durmstrang por amor. Es el padre de Emmanuel y el principal motivo por el que su hijo quiera destacar, buscando que esté orgulloso de él. Murió hará un par o tres de años de vejez}
HERMANOS (AS)
FICTÍCIO• Byllius Artelis - {Fue el mejor amigo y prácticamente hermano de Emmanuel. Un hombre de inteligencia superior que no dudaba en proteger a Emmanuel de sus propios miedos. Se casó con el primer amor de Saiteck y tuvo a Alethia como hija única. Murió por orden de Emmanuel mismo cuando trató de darle la espalda, defendiendo sus férroes valores humanos.}
HIJOS
• Kyra Saiteck - {La hija mayor del matrimonio. Directora General de Vecordia, 27 años. Es una mujer fría, desconfiada y sin escrúpulos.}
• Rolland Saiteck - {El hijo mediano, la viva imagen de su padre. Empresario, 25 años, serio y responsable. Cuando hace algo, lo hace bien. Pese a esto, a Rolland le gusta divertirse y salir de fiesta con sus amigos.}
• Gollard Saiteck - {El hijo pequeño y amargura de Emmanuel Saiteck. Vividor, 19 años. Le gusta demasiado vivir la vida y ha perdido toda credibilidad para su padre, que no le demuestra ningún tipo de afecto y sólo le retrae cosas. }
• Dilly - {Hija no reconocida del matrimonio Saiteck - paciente de Vecordia, 15 años, padece de un desorden de personalidad múltiple, por lo que puede ser dulce unas veces y bastante maquiavélica en otras.}


HISTORIA*

Era el verano de hará sesenta años cuando Emmanuel nació de la unión de dos personas que se atrevieron a enamorarse en tiempos donde se emparejaba a las hijas con el pretendiente que mejores condiciones presentara. Su padre era un venerado hombre, hijo de gente decente y adinerada de Svelven. Su madre era una mujer sencilla, de pueblo, con cierto acento a tierras nórdicas. Eran tiempos sencillos en los que la gente confiaba su suerte a los dioses y no a sus hijos, por lo que, a pesar de no pertenecer a la misma clase social, ambos pudieron llegar a casarse. De esa unión salió aquél que condenaría a la perfección a su propio mundo, aquél que daría un paso adelante sin importarle cuantos pudieran seguirlo. Todo tiene un cómo y un porqué, la paciencia es una virtud, por lo que tendréis que esperar a leer el resto de la historia, queráis o no.

"Algunos hombres mueren siendo niños, pero claro está que todo niño no nace siendo hombre, ¿podría ser que E. M. Saiteck fuera la excepción? No por ésta vez. Emmanuel era un niño normal, algo reacio a juntarse con los demás, pero dentro de un límite totalmente normal. Le apasionaban los coches, por lo que solía acercarse al canal donde algunos muchachos mayores que él se juntaban para hacer carreras. Eran tiempos sencillos para un niño, pero no tanto para un niño que empieza a crecer. Eso mismo le sucedía a Emmanuel a medida que se iba haciendo mayor. Observaba desde su constante silencio cómo el mundo daba vueltas y la gente cambiaba, aprendió a ver el pecado en los demás y se aislaba en lugares que él llamaba 'guaridas' para poder pensar con claridad, lejos del mundanal ruido y de las miradas que los chicos empezaban a dar a las chicas. Él, asustado ante lo desconocido, permanecía rodeado de soledad en excepción de su único amigo y protector: Byllius Artelis, un muchacho de inteligencia cálida y altruísta. Aquél que nunca le dejaría de lado.

Entonces apareció ella. Pudo observar ese rostro pecoso, esa nariz pequeña y graciosa, esa sonrisa que más que a una niña pertenecía a una chica madura. Pudo apreciar por primera vez la belleza en una mujer. Su pelo del color del fuego provocaba destellos carmín cuando el sol lograba escurrirse entre los mechones. Nunca supo cómo llegó ella a adentrarse lo suficiente en la zona boscosa para encontrar su maravillosamente oculto escondite, pero la cuestión es que no recordaba haber visto nada tan hermoso. Su nombre era Vielka, algo extraño, como toda ella, pero podía considerarse parte de su encanto. Empezaron a pasar las tardes juntos, sentados en las diferentes guaridas del pequeño de los Satieck, que no pasaría de los doce o trece años. Pasaba las mañanas con Byllius en la escuela y se escapaba sin que sus padres pudieran echarlo de menos para poder ver cómo, sentados en el muelle de la laguna, al caer la noche, la pálida piel de Vielka se perfilaba y medía con la belleza de la luna y los centenares de estrellas que se reflejaban en el agua. Fruto de la casualidad, sus finos labios se encontraron durante dos segundos para convertirse en su primer beso. Esa fue la primera noche en la que ninguno de los osó hablar.

Las estaciones pasaban y Emmanuel aprendió a repartir su tiempo proporcionalmente para atender a sus deberes como hijo de importante familia, crecer con Byllius para convertirse finalmente en algo parecido a su hermano, y, a su vez, aprender a ser hombre junto a Vielka. Las cosas le iban bien, seguían siendo tiempos sencillos para un niño. La suerte, del mismo modo que sin avisar llega sin avisar se marcha a otro lado. Emmanuel era feliz como nunca antes había sabido serlo, a sus dieciséis años era todo un hombrecito apuesto y elegante, conocedor de coches, caza y modales. Llegó el invierno, y con él las desgracias. El invierno, la época más fría del año donde los corazones se congelan y las lagrimas se vuelven cristales que rasgan la razón para dejar a los humanos vendidos al miedo y al odio. Vielka había madurado bastante antes que el joven Saiteck y, a pesar de ello, había permanecido a su lado en todo momento. Al acercarse mediados de tan fría estación, su madre enfermó. Lo que empezó por parecer un simple resfriado acabó por consumir su sonrisa, su cabello rubio y sus ojos azules. Como reprimenda a la ambición de un marido, Dios se la llevó. Lejos de Sigmund, lejos de Emmanuel. Lejos de todos. Durante el entierro, Svelven lloró las lágrimas que Emmanuel no dejó salir. Su mano, aferrada a la de una pálida muchacha de cabellos rojizos, tembló. Y no fue por perder a la mejor madre del mundo, sino fue por ver cómo Byllius se fijó en la que pasaría a ser su pareja, la misma Vielka, aquella a la que Emmanuel nunca osó convertir en mujer.

Si algo tiene que suceder, no dudéis en que sucederá. Con la misma resignación con la que un niño observa su globo escaparse hacia las nubes sin poder recuperarlo, Emmanuel tuvo que dejar escapar a una ya casi adulta muchacha que supo ver las aptitudes de Byllius. El pequeño, o ya no tan pequeño, Saiteck no hizo nada al respecto, simplemente comprendió que el vacío que había sentido en el estómago al presentarlos le había confirmado su pésimo presentimiento: no volvería a pasar un solo anochecer en el lago con ella. Aún así, sumiso a su propia poca fortuna, siguió siendo el mejor amigo de Byllius. Donde cabe dos, suelen caber tres; así mismo, Byllius, Vielka y Emmanuel siguieron creciendo juntos, dejando atrás el colegio y el instituto. Cada uno siguió sus caminos al llegar a los diecisiete años. Los dos muchachos se alejaron una temporada de Svelven para realizar el servicio militar, mientras que Vielka permaneció donde Byllius prometió volver a buscarla. Al contrario que el joven Saiteck, Artlis nunca incumplía una promesa. Era el muchacho ideal para cualquier mujer e incluso al volver del servicio militar, seguía haciéndole sombra a un Emmanuel solitario y entregado a su carrera universitaria: las ciencias políticas. Con la madurez llegó la hora de buscar esposa.

Si bien su padre no colgó un anuncio en el periódico, poco le faltó. Un joven y apuesto Emmanuel ya apuntaba alto en la candidatura a presidente de Svelven. Los días pasaban, como las estaciones, las muchachas que teóricamente tendrían que estar haciendo cola en la puerta de su casa parecían haberse fundido como la nieve al llegar primavera o marchitarse como las rosas que yacían en el lecho de su madre. Cuando ya renunció a toda esperanza, aún anulado por la pérdida de las dos mujeres de su vida y guardando algo de rencor a su falso hermano por ello, apareció un soplo de brisa fresca. Su nombre era duro y costaba de pronunciar, pero guardaba un trasfondo monárquico y aristocrático, cosa que le llamó la atención. La encontró junto a su coche al salir de la universidad, en el aparcamiento. Zephyr estaba apoyada en el capó de su viejo Cadillac Eldorado del 57, su primer coche. Cruzaron las miradas y, sin más preámbulos empezó un coqueteo que terminó siendo la cura al veneno de la ruptura con Vielka. Zephyr y Emmanuel sellaron su compromiso con un anillo que acabó por llevarlos al altar. Juran los que en esos años los conocieron que nunca se pudieron ver dos muchachos de más parecidas ambiciones. Ella ansiaba mandar y ser obedecida. Él esperaba ser respetado y salir de la sobra del resto del mundo, demostrar que existía. Se casaron por la Iglesia en una ceremonia corrompida por intereses.

El uno fortaleció al otro. La serenidad que le faltaba a Zephyr era aportada por el caracter reflexivo de Emmanuel, mientras que los remordimientos de los que él pecaba eran sacudidos con un par de pestañeos de esa mujer de cabellos rubios y belleza clásica. Supieron y pudieron encontrar el apoyo necesario en el otro para poder salir adelante. Empezaron con muy buen pie, ya que tenían muchas cosas en común y podrían haber sido la envidia de Svelven entero si no hubiera dos personas más juntas que Emmanuel y su prometida. Vielka anunció que estaba embarazada de Byllius y no tardaron en casarse, cosa que debería haber afectado al Saiteck, pero no lo hizo. El motivo era más que sencillo. Zephyr había sido capaz de acaparar todos sus sentidos, anulando todo lo que pudo haber creído sentir por esa muchacha de cabellos pelirrojos. Los siguientes años pasaron deprisa para las dos jóvenes parejas ya casadas. Empujados por el afán a superar al otro matrimonio, o por deseo desmedido que pudieran sentir el uno por el otro y pocas precauciones, la familia Saiteck empezó a tener más herederos de lo esperado. Primero nació Kyra, la muchacha de aspecto parecido a su padre pero mentalidad ciertamente perteneciente a los Bernadotte de Suecia. Rolland y Gallard la siguieron para completar lo que todos creían que sería la familia del nuevo presidente de Svelven. Esa fue la mejor época que Emmanuel podría haber vivido jamás. No estaba solo, tenía el reconocimiento que merecía y, además, acababan de descubrir un modo de alcanzar la utópica perfección.

Aliados con varios viejos compañeros de Universidad y otras distinguidas personalidades, Emmanuel y algunos Saiteck se aliaron con el científico Byllius para desarrollar esa droga gaseosa que permitía al gobernador ahorrarse muchos problemas. Lo que no sabían era que el problema que se les venía encima era aún más grande de lo que jamás había vivido Svelven. La manzana se pudrió, la rosa se marchitó, los hermanos pelearon. Al darse cuenta de los efectos secundarios de la droga, algunos decidieron echarse atrás, llevados por una respetable moralidad que Emmanuel no pensaba compartir. Trató de advertirle, de negociarlo, de llevar las cosas del mejor modo posible, pero Byllius se puso difícil. Le obligó a escoger, arruinó lo que podría haber sido la mejor idea de la historia por amor a la humanidad. Y, para desgracia silenciosa de Emmanuel, tuvo que tomar medidas y actuar al respecto. La familia Artelis murió, junto a tantos otros que prometieron anunciarlo a la prensa y desvelar las intenciones de los Saiteck. Todo se vino abajo y nació un reino del terror compuesto por un sanatorio lleno de gente loca, miles de ciudadanos alelados a voluntad de Emmanuel y su esposa, los hijos del ex-presidente y de Byllius encerrados en prisión y tantas otras cosas que no contaré.

Las cosas se torcieron al ver la cantidad de personas que habían desarrollado poderes ante el tratamiento ideado por Emmanuel y Byllius. Los encerraron a todos en un centro sanatorio, haciéndoles creer que no estaban cuerdos y que eran un peligro para el mundo. Los años no perdonaron al matrimonio Saiteck, que se había encargado de dar un giro a la vida de Svelven. Sus pequeños crecían, todo se mantenía en calma en sus conciencias, o eso querían creer. Emmanuel nunca pareció pensar demasiado en la gente que había tenido que dejar atrás para llegar a la cima. Finalmente, obtenía el reconocimiento del mundo y de su padre. Desde el silencio, tuvieron una hija más, Dilly, quien no salió como esperaban y tuvo que ser encerrada en el hospital, como si fuera una loca más. A ninguno de los dos pareció hacerles una herida el hecho de abandonar a una hija, ya que nadie se lo reprochó jamás por ser un secreto. Eso, queramos o no, alivió su dolor. Crecían y crecían sin cesar esos tres pequeñajos de miradas ambiciosas. Kyra se convirtió en una mujer hecha y derecha como su madre, con esa crueldad que Saitack no lograba tener consigo. Rolland era un pequeño hombrecito de ideas firmes, pero que no descuidaba sus obligaciones con los amigos, era un pequeño Emmanuel de belleza casi femenina. Y finalmente estaba Gollard, la decepción de la familia. Un mocoso irresponsable que trae por el camino de la amargura a un hombre mayor que hace años que duerme separado de su esposa. Ese es Emmanuel, el viejo Emmanuel, el líder Emmanuel. Saiteck. "


DATOS ADICIONALES

»» Tiene pérdidas de memoria por la edad y suele cambiar los nombres de pila.
»» Cuando habla de Gollard con su mujer, suele llamarlo 'aquél hijo tuyo', desvinculándolo de él.
»» Su canción favorita siempre será la que sonó en el primer baile de la boda.
»» Hace demasiados años que duereme separado de Zephyr, ya que la llama se apagó.
»» Es habitual lector de revistas de coches, de caza y de vinos.

Emmanuel Saiteck

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Re: Emmanuel Saiteck

Mensaje por Emmanuel Saiteck el Sáb Mar 05, 2011 6:50 am


Finalmente les presento
LA FICHA MÁS LARGA DE LA HISTORIA

Emmanuel Saiteck

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Re: Emmanuel Saiteck

Mensaje por Denzel F. Vang el Sáb Mar 05, 2011 2:11 pm

Ficha aceptada, lo sabes xD. Esperamos te diviertas y la pases muy bien (:.

...............................................


Denzel {Fletcher} Vang
N E V E R M O R E

Let my heart be still a moment and this mystery explore;
'Tis the wind and nothing more!'
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
Shall be lifted - nevermore!

Denzel F. Vang

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Re: Emmanuel Saiteck

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